"Hoy vemos que con el crecimiento económico del Perú, no nos damos abasto para formar jefes"

Si bien el poder de un jefe es inherente y proporcional a su cargo, su mal uso puede generar grandes riesgos para el buen funcionamiento de la empresa. “Lo que importa es la autoridad que se ejerce”, explica Hugo Sánchez, docente del PAD

¿Está haciendo buen uso del poder que le han otorgado en su organización? Esta sería una de las preguntas clave para medir el desempeño de los jefes en cuanto a la motivación que le transmiten a sus subordinados para trabajar en su equipo. Pero, pese a ese poder, ¿todos tienen autoridad?.

El catedrático de la Universidad de Piura, Hugo Sánchez, asegura que más importante que el poder -que va de la mano con el cargo asignado- es la autoridad, la cual está referida al respeto y compromiso formado en sus trabajadores para que cumplan con sus labores. Sin embargo -expresa-, aún hay empresas poco conscientes de la importancia que hay en formar verdaderos líderes para su ambiente laboral.

“Lo que está sucediendo hoy en día con el crecimiento económico es que no nos damos abasto para formar jefes. El ser un jefe es un proceso de desarrollo que no tiene que ver tanto con los conocimientos, sino que se gana con la experiencia (…) Por ello, se tiene que empezar a dar espacios y se tiene que controlar mejor como es que los jefes están ayudando a formar liderazgo en sus subordinados”, explica.

Así, el docente señala, por ejemplo, la importancia de que un gerente sepa cómo están sus analistas, para poder realizar una evaluación adecuada del jefe que está en medio.

Agrega que en muchas organizaciones ya se viene implementando este tipo de evaluaciones: “Hay muchas encuestas de clima organizacional, evaluaciones 360 grados, y cada vez hay más áreas de gestión de talento y cultura que permiten que el jefe de los jefes se enteren sobre sus errores”.

Errores comunes
Con la finalidad de corregir errores, Sánchez destaca tres de los modos de actuar más comunes de los jefes que llevan, con distintos tonos, por senderos oscuros del poder:

1. Jefe bonachón
Son la clase de jefes que no hacen uso del poder y no quieren darse el trabajo de corregir cuando es necesario, pues prefieren ganarse a las personas con dádivas.

Ello conlleva a que haya pérdida de disciplina, motivación y genera un contagio general que se traduce en “desbarajustes” en el equipo de trabajo.

“Si pensáramos en una enfermedad, sería como una anemia; se da poco a poco, casi imperceptiblemente, hasta que llega a un punto que por más que intente alterar la tendencia, resulta irreversible”.

2. Uso innecesario del poder
Este es el directivo que siempre se quiere imponer, cuya única razón para que lo obedezcan es su cargo. Olvida otras tácticas y deja de lado otras razones por las cuales la gente puede querer hacer bien su trabajo. Su equipo de trabajo está para servirle a él, no para servir a la organización (o al cliente).

“Podríamos hablar en este caso de un cáncer: es una enfermedad que daña profundamente al grupo y cuya curación, si acaso fuera posible, es por vías traumáticas”.

3. Uso injusto del poder
Se trata del caso más grave. Este directivo rompe todo vínculo con los subordinados afectados, pierde la confianza y pierde el respeto. Hunde a su grupo en el oscuro camino del conformismo.

“Representa el equivalente a un infarto: puede que se libre de uno, pero difícilmente soporta dos”.

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