El editorial de Gestión: “El desplome”

Si existe una relación entre la desaprobación de la pareja presidencial y las expectativas de la economía familiar y para la inversión privada es difícil de decir. Pero lo que es cierto es que ambos resultados son consecuencias de causas independientes.

DUDAS. La popularidad de la pareja presidencial no fue lo único que se desplomó en el último mes según la encuesta de Pulso Perú, realizada por Datum. Las expectativas para la economía familiar y para la inversión privada para el próximo año retrocedieron 10 y 8 puntos porcentuales cada una, respectivamente, para llegar a sus niveles históricos más bajos desde que se realiza la encuesta (lo mismo que la aprobación del presidente de la República, la de la primera dama y la del ministro de Economía).

Si existe una relación entre las dos tendencias (si la mayor desaprobación en la esfera política es una consecuencia de las menores expectativas económicas o si los problemas políticos son los que causan la incertidumbre en la economía) es difícil de decir. Pero lo que es cierto es que ambos resultados son consecuencias de causas independientes.

La desaprobación del Gobierno, explicamos ayer, corresponde a las constantes injerencias de la primera dama en la toma de decisiones del Ejecutivo –ilustrada por la salida del entonces premier César Villanueva-, y con ello, el necesario salto con garrocha que hace a la institucionalidad y a los electores. Algo de lo que, evidentemente, el presidente de la República es responsable y cómplice.

El deterioro de las expectativas económicas (de los ciudadanos, ojo; no de las empresas), por otro lado, también se vio reflejado en el índice de confianza del consumidor que mide Apoyo, disminuyendo en él la percepción sobre la situación económica familiar en 2 puntos. Es que la economía se está demorando más de lo esperado en levantar vuelo respecto a la desaceleración que sufrimos en la segunda mitad del año pasado. Y los datos y estimados acerca del crecimiento de la producción y de la inversión en los últimos meses del año pasado y los primeros de este no han ayudado a recobrar una confianza que sigue débil y temerosa. Un problema serio que puede tener implicancias en el crecimiento de la demanda interna (a través del consumo y la inversión) y, por lo tanto, en el crecimiento de la economía a lo largo del año. Por eso, es necesario que tanto en lo político como en lo económico este gobierno dé una señal de mayor estabilidad y confianza. Tanto por su propio bien como por el de todos los peruanos.

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