Editorial de Gestión: Tiempos desesperados, medidas acertadas

Los repetidos esfuerzos del Gobierno por reactivar la economía ante el contexto de desaceleración nos parecen atinados en su orientación general: impulsar la demanda.

AUDACIA. Los repetidos esfuerzos del Gobierno por reactivar la economía ante el contexto de desaceleración que venimos sufriendo en los últimos meses nos parecen atinados en parte sobre la orientación general: esencialmente dirigidos a impulsar la demanda. Es más, uno de los componentes más rescatables de los paquetes del Ministerio de Economía es que demuestra un entendimiento en el seno del Gobierno de que la inversión privada es el motor de la economía y, por lo tanto, debe ser resguardada y promovida como un bien preciado.

Pero en esa misma línea nos parece que todavía queda mucho por hacer. Particularmente, en los esfuerzos para aligerar las dos pesas más grandes que conllevan los proyectos de inversión: los costos laborales y los tributarios.

Cuando este diario le preguntó al ministro Luis Miguel Castilla por qué el Gobierno no fue más osado a la hora de perseguir medidas tributarias, el Sr. Castilla respondió que maniobras demasiado audaces en estos temas podrían agregar incertidumbre en los inversionistas.

Sin embargo, nosotros tenemos la sospecha de que no es así. Dada nuestra presión tributaria, existe espacio para aminorar las tasas impositivas, sobre todo para las micro y pequeñas empresas.

Esto puede venir tanto como una reducción en el Impuesto a la Renta como en beneficios para la reinversión de utilidades, tal como contempla la reforma tributaria en Chile. En cualquiera de los dos casos, estamos seguros de que la reacción de los inversionistas no será de desconcierto, sino de entusiasmo.

Estas medidas no solo tendrían el efecto de impulsar la inversión sino que probablemente –haciendo las matemáticas- incrementarían también la base tributaria por dos razones. Primero, porque se estaría incentivando la formalización (el 70% de las microempresas son informales con los actuales costos tributarios y laborales). Segundo, porque una economía más dinámica genera mayores ingresos para las empresas; es decir, mayores ingresos para el Estado.
Todos ganan acá.

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