Editorial: Una raya más al tigre

Hay muchas desventajas de convivir con inestabilidad política, una de ellas es el impacto sobre la economía .

INESTABILIDAD. El año ha empezado mal, en términos políticos, para el oficialismo. No solo porque una de las medidas impulsadas genuinamente por el Ejecutivo para revertir la tendencia de enfriamiento económico del país –la ‘ley pulpín’– terminó convertida en un foco importante de oposición al Gobierno (con un 61% de rechazo) sino porque la fuga de Martín Belaunde Lossio a Bolivia ha levantado aún más las sospechas acerca del involucramiento de la pareja presidencial en los negocios turbios del exasesor de campaña de Humala.

Además, las constantes confrontaciones del ministro del Interior, Daniel Urresti, con los líderes de oposición han incrementado la tensión en las relaciones partidarias, mientras que también han terminado por ahuyentar a una parte de los ciudadanos. Todo lo anterior ha hecho que, como publicamos en la última encuesta de Pulso Perú, la imagen del presidente se desgaste y su aprobación caiga cuatro puntos en el último mes.

Sin embargo, eso no es todo. A este ambiente crispado y delicado hay que agregarle ahora las revelaciones de los últimos días: las acusaciones de que el Gobierno estaría detrás de reglajes y espionajes tanto a miembros de la oposición como a militantes de su propio partido. O, peor aún, como deslizó la primera ministra, Ana Jara, que dichas actividades estén siendo conducidas por una “facción” independiente dentro del Estado que no controla el Gobierno. Cualquiera que sea la explicación, ciertamente esta primicia no ayudará a calmar las ya movidas aguas en las que se encuentra la política peruana hoy (incluso hay que dar un tiempo para ver las consecuencias concretas de los últimos sucesos).

Hay muchas desventajas de convivir con inestabilidad política, una de ellas es el impacto sobre la economía. Ya habíamos advertido en editoriales anteriores que uno de los desafíos más grandes que va a tener que enfrentar el Gobierno este año es buscar consensos políticos con una bancada debilitada en el Congreso y una oposición con la mira fija en la campaña presidencial del 2016.
Por el contrario, el Ejecutivo parece estar haciendo grandes esfuerzos por empeorar su posición.

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