De la olla a las redes: los “foodies” y la redefinición de la “buena comida”

A través de Instagram y Facebook, influenciadores guiados únicamente por sus paladares recomiendan restaurantes y diferentes platos. En la comunidad “El rico dato” cualquier persona puede publicar. Hoy tienen casi 54,000 miembros.

Foto: Istock
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Un crítico culinario requiere de una formación continua en gastronomía, coctelería y otros rubros que le permitan compartir comentarios y argumentos válidos cuando habla de un restaurante.

Un “foodie”, en cambio, es un aficionado a la comida que dedica su tiempo libre a conocer detalles sobre ella.

Solo necesita un buen paladar y un smartphone para compartir sus experiencias en diferentes locales. Así, un “foodie” –término instaurado en 1984 en el libro “El manual oficial para los foodies”– está lejos del mundo gourmet.

Por el contrario, es amateur. Sin embargo, ello no es impedimento para que se convierta en un influenciador.

Tal como sucede en el universo de la moda, estos recomendadores de tendencia pueden tener gran repercusión: sugieren restaurantes, platos, bebidas y recomiendan evitar otros.

Los “foodies” locales
La globalización y el boom de nuestra gastronomía han generado la multiplicación de varios blogs que recurren, principalmente, a Instagram y Facebook para difundir experiencias, así como material audiovisual.

Algunos de los “foodies” peruanos con más seguidores en redes son Renzo Flores, de “El vicio de comer”, con más de 18,000 seguidores en Facebook; Paola Miglio, de “El trinche”, con unos 10,000 seguidores; y Adriana Miranda, de “Jama.pe”, con casi 14,000 seguidores.

El promedio de sus publicaciones por semana es de dos a tres posts, aunque nutren diariamente sus redes sociales con fotos, comentarios, recomendaciones y concursos que les generan más “likes”. “Voy unas tres veces por semana a restaurantes, además de bares, pues la propuesta en coctelería de autor viene cambiando”, comenta Miranda.

Bienvenidos todos Además de estos y otros blogs hechos por “foodies”, existe una gran comunidad en Facebook en la que cualquiera puede hacer una pregunta o sugerir un local.

Se trata de “El rico dato”, que hoy supera casi los 54,000 miembros. Debido a su acelerado crecimiento (cada semana se unen unas 500 personas), allí, prácticamente todos son influenciadores.

Las autoras son tres mujeres: Mirjana Slavkovic, Carla Duarte y Paloma Casanave, tres amigas inmersas en el rubro de la publicidad, el marketing y la repostería, respectivamente.

“El proyecto surgió cuando buscábamos recomendaciones de lugares para comer para un amigo que venía de fuera, y nos dimos cuenta que podíamos tener más información si pasábamos a una red de contactos más grande Creamos un grupo de Facebook al que fuimos agregando a nuestros amigos. Y ellos, a sus propios amigos.

Al final de ese día, el grupo tenía 1,000 miembros”, recuerda Slavkovic. Hasta ahora, el crecimiento de “El rico dato” se ha dado de forma orgánica, sin auspicios ni publicidad online. Únicamente a través de recomendaciones e invitaciones de los miembros de la comunidad.

Al día, entre 20 y 30 posts son publicados en el grupo. Sea, por ejemplo, para consultar sobre el lugar en el que sirven el mejor cebiche o lomo saltado, como para recomendar un buen huarique.

Eso sí, en esta comunidad no se aceptan quejas ni reclamos. Además, se evitan los posts emitidos por dueños o personas a asociadas a restaurantes o productos. “De esta forma aseguramos que el grupo se mantenga transparente”, explica Mirjana.

estilistas de alimentos Dicen que la comida entra por los ojos, por lo que varios “foodies” también están puliendo las imágenes que comparten con sus seguidores.

Especialmente en Instagram, donde abundan etiquetas como #Food-styling e #Instafood junto a sabrosos platos de comida. La española Laura López es una de las precursoras de esta corriente “food stylist”. Comenzó hace tres años tomando fotos en la cocina de su casa y ahora cuenta con casi 190,000 seguidores en Instagram.

Su pasión se ha convertido en un negocio. “Han llegado a pagarme US$ 2,230 y boletos aéreos por subir dos fotos”, confesó a Expansión de España.

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