Una veda de laptops en las líneas aéreas podría causar muertes

El gobierno de Trump ya ha impuesto una prohibición de laptops en los vuelos que llegan de 10 aeropuertos en ocho países de Medio Oriente.

(Bloomberg) Se viene la prohibición de las laptops. ¿Alguien puede dudarlo?

La señal más reciente llegó el domingo cuando Chris Wallace entrevistó en Fox News al secretario de Seguridad Nacional del presidente Donald Trump, John Kelly.

“¿Va a prohibir las computadoras portátiles en las cabinas en todos los vuelos internacionales dentro y fuera de los Estados Unidos?” --preguntó Wallace.

“Podría”, respondió Kelly, con la sonrisa satisfecha de un hombre que disfruta de su poder. “Hay numerosas amenazas contra la aviación”, agregó, porque los terroristas están obsesionados con volar aviones llenos de “gente de los Estados Unidos”. Cuando Wallace le pidió plazos, Kelly se limitó a decir: “Vamos a levantar la vara, en términos generales, para la seguridad de la aviación; estará mucho más alta que ahora”.

El gobierno de Trump ya ha impuesto una prohibición de laptops en los vuelos que llegan de 10 aeropuertos en ocho países de Medio Oriente. En esos vuelos, no sólo se deben poner las laptops en el equipaje despachado, sino también cualquier dispositivo de computación mayor que un teléfono celular.

Se prevé que a continuación Washington ampliará la prohibición a los vuelos que llegan de Europa y, como Kelly dejó entrever en la entrevista de Wallace, es probable que la veda de las laptops también se extienda más adelante a los vuelos salientes.

Aun cuando el Departamento de Seguridad Nacional se niega a especificar por qué la prohibición es necesaria –es inteligencia clasificada, ya se sabe--, fuentes de inteligencia le han dicho al New York Times y a otros que los yihadistas de Estado Islámico tienen explosivos que pueden ocultarse dentro de las baterías de las computadoras portátiles y que no pueden ser detectados por los aparatos de rayos X que la Administración de Seguridad del Transporte (TSA por la sigla en inglés) ha implementado en los puntos de control de seguridad de los pasajeros.

Aparentemente, la opinión del gobierno --aunque, cabe reiterarlo, nadie lo está diciendo-- es que es más difícil para los terroristas activar una laptop bomba en la bodega de carga que una en la cabina, donde pueden detonarla manualmente. Además, según esa teoría, una laptop bomba en la bodega necesitaría ser operada con un temporizador, que podría ser detectado más fácilmente por los escáneres.

Incluso si se hace a un lado el defecto más obvio en esa lógica --que las maletas despachadas son escaneadas de forma aleatoria y no en su totalidad--, la postulada veda de laptops tiene tantos problemas y plantea tantos interrogantes que es difícil saber por dónde empezar.

¿Por qué Seguridad Nacional da por sentado que las laptops bomba solo se cuelan en vuelos internacionales y no en los nacionales? ¿Por qué no puede simplemente insistir en que la gente pase por la seguridad de los aeropuertos con sus computadoras portátiles encendidas, para que los agentes puedan ver que son computadoras, no bombas?

Si la gente no lleva consigo sus computadoras portátiles, ¿el robo de computadoras portátiles de las maletas despachadas no será un problema? ¿Los viajeros que forman parte del programa de check-in previo de US$ 17 por año de la TSA estarán exentos; y si eso es así, ¿no exacerbará la vergonzosa división en los vuelos entre los que tienen y los que no?¿Se sublevarán los viajeros de negocios?

Los pasajeros “no aceptarán los retrasos ni la confusión que ocasionará la instrumentación de esa norma”, dijo hace poco el experto en seguridad Bruce Schneier. “Los pasajeros descontentos vuelan menos”, agregó.

Joe Brancatelli, que dirige Joe Sent Me, un sitio web para viajeros de negocios, dice que las perturbaciones causadas a los negocios en el mundo les costarán a las aerolíneas miles de millones.

Pero hay una pregunta que se impone sobre todos las demás, o al menos así debería ser. ¿Una prohibición de laptops aumentará en la práctica las probabilidades de que un avión lleno de pasajeros explote, y no por el terrorismo, sino por las baterías de iones de litio que alimentan las computadoras modernas? Aunque no se lo puede decir con un 100% de certeza, la respuesta parece ser que sí.

Las baterías de iones de litio no son dispositivos benignos; lo saben bien los ingenieros en computación y los expertos en aviación. El líquido que hay en el interior de las baterías es inflamable, y un cortocircuito puede causar un incendio. En raras ocasiones, el cortocircuito es el resultado de un diseño defectuoso, como en el caso del Samsung Galaxy Note 7 que fue finalmente prohibido en los vuelos y retirado del mercado por la empresa.

Pero a veces sucede porque un dispositivo se golpea o recalienta. Según la Administración Federal de Aviación (FAA por la sigla en inglés), se han producido 160 “incidentes” de baterías de iones de litio en las bodegas de carga desde 1991.

En 2010, y de nuevo en 2011, aviones de carga que transportan pallets con baterías se incendiaron y se estrellaron, causando la muerte de los tripulantes. En enero de 2016, la FAA. emitió una advertencia sobre el transporte de las baterías en la bodega, señalando que “un incendio de una batería de litio podría conducir a una explosión catastrófica”.

Cuando una batería en la cabina de pasajeros emite humo o se incendia --ocurrió el martes en un vuelo de JetBlue y ha ocurrido unas 19 veces en los últimos cinco años, según Christine Negroni, blogger de aviación de Forbes--, rápidamente eso se percibe, y se apaga el fuego.

Pero un incendio en la bodega de carga no se notará, y los expertos dicen que el calor de un fuego de ese tipo rápidamente aumenta demasiado como para que puedan extinguirlo los equipos de contención de incendios de la bodega.

Es por eso que el Servicio Postal de los Estados Unidos dejó de transportar productos con baterías de litio en vuelos transatlánticos. Es por eso que Federal Express clasifica las baterías de iones de litio como “mercancías peligrosas” e impone reglas estrictas sobre cómo deben ser empacadas. Es por eso que la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas ha pedido una “regulación integral para los despachos de cargas de baterías de litio”.

Cuando hice algunas preguntas sobre por qué la FAA no ponía el grito en el cielo ante la prohibición de laptops de Kelly, dadas sus advertencias sobre los peligros de las baterías, me dijeron que transportar las baterías de litio a granel crea un escenario distinto al del envío de las laptops y los iPads en el equipaje despachado.

Pero la agencia también va a realizar pruebas para medir el posible peligro que podría representar una prohibición de portátiles. Esas pruebas están ahora en las etapas de planificación. Dado el ritmo al que el gobierno se mueve –y la necesidad de que se haga bien-- es poco probable que la tarea se complete pronto.

Pero pensemos en esto: en un vuelo con, por ejemplo, 200 pasajeros, podría haber hasta 400 baterías de iones de litio en la bodega de carga. Es cierto que no están empacadas todas juntas. Pero si una se incendia en una maleta, no es difícil imaginar que las llamas se propaguen y explote una maleta tras otra. ¿Y qué pasa si otro fabricante aparece con un producto defectuoso, como pasó con Samsung, cuando la prohibición esté vigente? Sería aumentar de forma drástica las probabilidades de un desastre.

Cuando le pregunté a Schneier si pensaba que la probabilidad de un accidente causado por un incendio de una batería en la bodega era más alta que la de un atentado terrorista con una laptop bomba, respondió que “simplemente no hay manera de hacer la comparación numérica”. Pero añadió: “Mi intuición coincide con la suya”.

En su blog, Schneier llama a la prohibición de portátiles un “teatro de seguridad”, que describe como “medidas de seguridad que hacen que la gente se sienta más segura sin que en realidad se haga nada para mejorar su seguridad”.

Como mínimo, uno pensaría que Kelly y Seguridad Nacional se tomarían un tiempo para consultar a otros sectores del gobierno sobre el peligro que se crearía con su insistencia en que los dispositivos con baterías de iones de litio se carguen en la bodega.

Después de todo, en realidad no importa si a uno lo mata un terrorista o la explosión de una batería como resultado de una disposición oficial. Uno está muerto en cualquiera de los dos casos.

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