Luis Valdivieso, un ‘mago’ que pisó 75 países

El presidente de la Asociación de AFP quiso ser futbolista, pero se decidió por la economía. A partir de allí, su vida cambió. Durante sus largos años como representante del FMI, se convirtió en un viajero que llegó a países en crisis, rebelión y en los que decidió si se usaba una flor o un escudo en sus monedas.

(Manuel Melgar)
(Manuel Melgar)

Raúl E. Castro Pereyra
rcastrop@diariogestion.com.pe

A los 15 años, Luis Valdivieso hizo el mejor gol de su vida. Fue de cabeza y en un campeonato en el que representaba a su colegio, el Sebastián Lorente. Esa fue la primera vez que su padre, ‘el mago’ Juan Valdivieso lo vio jugar y dijo: “Puedes ser bueno”.

“Fue un gol desde el borde del área, fue espectacular, había mucha gente”, relata el economista y presidente de la Asociación de AFP con emoción de niño.
“Me encantaba el fútbol”, añade y toma un sorbo de su capuchino. Ahora, intenta reconstruir los pedazos de su memoria deportiva en los campos de la Unidad Vecinal de Mirones y en el barrio de Los Cipreses en el Cercado, donde nació, se crió y vivió su juventud.

Un sorbo más y los recuerdos saltan. “Yo hice una prueba con la U”, dispara y ríe. “Entramos el mismo día, Percy Rojas, Juan Carlos Oblitas y yo”. Solo Oblitas se quedó jugando, y el economista debió decidir entre la universidad y el fútbol.

¿Y qué pasó?
A mí me afectó el cambio de horario en la Universidad Católica. Antes entrabas a la Facultad de Economía y los dos primeros años eran tiempo completo, el tercero era medio tiempo. Yo allí iba a jugar al fútbol. Justo ese año cambiaron el sistema a tiempo completo.

Tuvo que decidir…
Una de dos: o me dedicaba al fútbol y tenía que ser mejor que mi padre, cosa que era muy complicada, o me dedicaba a la economía y tenía que ser mejor que mi hermana, que era profesora en la universidad. Era un dilema existencial muy grande.

¿Entrenaba con la “U”?
Oblitas se quedó a la primera que lo vieron jugar, era un monstruo. A mí me convocaron para un partido de práctica con el Deportivo Sucre, creo. Al final, nada. Incluso, salí en los periódicos y decían que el hijo del ‘mago’ jugaba. Hice mi examen de conciencia.

¿Y qué decía su padre?
El día que me vio jugar, la gente le decía: don Juan, qué le parece su hijo.

¿Y qué contestó?
Puede aprender. Lo que pasa es que mi papá era muy severo en todo, nos exigía al máximo. Recuerdo que una vez le pedimos que entrene al equipo del barrio, aceptó; le pedimos que nos regale las camisetas, aceptó. Y nos comenzó a entrenar y los muchachos se caían, se desmayaban. Nos vio y nos dijo: dedíquense a otra cosa.

¿Ahora va al estadio?
Cada vez menos, yo soy del Municipal. Lo que pasa es que mi padre fue entrenador del Municipal y yo iba a la cancha con ellos, viajaba con ellos, conocía a todos en el club. Era un equipo muy popular. Fui calichín del Muni.

¿Guarda los uniformes?
No, pero guardo la camiseta de mi padre cuando jugó con la selección que fue a las Olimpiadas de Berlín.

¿Y dejó el fútbol?
Jugué con el equipo del Fondo Monetario Internacional. Teníamos un muy buen equipo.

Jugando afuera
Luis Valdivieso no guarda los uniformes que vistió, pero sí las camisetas de su padre, que fue emblema de uno de los equipos más famosos en la historia de Alianza Lima.

“Mi padre jugó el primer mundial de fútbol y jugó en las Olimpiadas de Berlín, con ‘Lolo’, con Villanueva, con los hermanos Alcalde; un equipazo”, recuerda.

‘El mago’ fue una leyenda del fútbol. Pero Valdivieso decidió crear su propio camino y destino. A los 20 años ya se había graduado como economista de la PUCP. Dos años más tarde, viajaba a Estados Unidos a estudiar su posgrado, pero lo hacía ya casado.

“Me casé joven, pero ya era un profesional, me valía por mí mismo. Mi esposa y yo nos sacamos becas y nos fuimos a estudiar. Luego, regresamos durante el gobierno militar y nos dimos con la sorpresa de que teníamos que ser parte del gobierno militar para hacer política pública que era lo que a ambos nos interesaba”, relata.

Con tantas trabas, su carrera se empezó a forjar en el extranjero. Primero en México, donde laboró en el Centro de Estudios Latinoamericanos, además de asesor de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

A los 27 años se mudó a Estados Unidos, donde su esposa consiguió un trabajo como consultora. “Me fui siguiéndola”, añade divertido.

¿Le gusta la política?
Siempre consideré que no era político.

¿A pesar de haber sido ministro de Economía?
A mí me pidieron una tarea muy específica: evitar que el Perú cayera en un proceso inflacionario como el que se empezaba a gestar en el 2008. Había una euforia en el país, y eso se podía desbordar.

¿Quién lo convocó?
Jorge del Castillo. Y él me presenta a Alan García. Yo no lo conocía, pero sí sabía lo que había hecho entre 1985 y 1990. Incluso, yo apoyé en el diseño del plan antiinflacionario; siendo funcionario del FMI, pedí licencia. Eso fue al comienzo del gobierno de Fujimori. En 1991, vine para ayudar a insertar al Perú en el sistema y se logra el primer crédito por US$ 400 millones. Ese mismo año cae la Unión Soviética. Y el FMI crea un departamento completo para ver ese tema y a mí me transfieren. Me alejo de América Latina y me voy a trabajar en Europa y en Asia.

El viajero
No son muchos los años en que Valdivieso está instalado en el Perú. Ha llevado una vida de viajero con un cartel del Fondo Monetario Internacional pegado al cuerpo. Ese maravilloso trabajo lo ha llevado a los rincones más disímiles del planeta. “Conozco países grandes, medianos y muy pequeños”, señala.

En total, ‘el mago’ ha pisado 75 países. Pasó cinco años en México, ese quizá haya sido el trabajo más largo que tuvo en un país, quizás el más complejo fue reconstruir la economía rusa, tras la caída de la Unión Soviética en 1991, pero Valdivieso siente pasión por lo vivido en Timor Oriental, un país que debió hacerse desde cero.

Timor Oriental es una isla de Asia, allí viven poco más de un millón de habitantes. “Era colonia portuguesa, que luego fue subyugada por Indonesia por más de 25 años. En 1999, un plebiscito dejó a los indonesios fuera del Gobierno. En represalia –relata Valdivieso– destruyeron el país, la gente se debió refugiar en las montañas. Otro grupo se refugió en Portugal y Mozambique.

El ejército australiano intervino, y luego la ONU, que pidió al FMI nombrar una persona que se haga cargo de la economía del país. “Ese fui yo”, señala divertido, mientras bebe su segundo capuchino.

“Había que construir un país, todas sus leyes, nombrar ministros, hacer una Constitución. Además, había una guerrilla en la montaña, todos barbones, como ‘el che’ Guevara. Pero la experiencia profesional fue invaluable”.

¿Qué fue lo primero que hizo al llegar a ese país?
Me llevaron a la montaña a conocer a Kay Rala Xanana Gusmão, que era el líder de la guerrilla y luego sería presidente.

¿Tuvo miedo?
No, ¿por qué iba a temer? Yo iba a ayudar, no iba a atacar a alguien. Todos los seres humanos conversan.

¿Cuánto tiempo estuvo allí?
Dos años. Viajaba todos los meses desde Washington. No había hoteles, lo habían quemado todo. Había que llevar hoteles flotantes, pero llegaron luego de varios meses. Primero dormíamos en carpas.

Y no había leyes, ni nada…
No había, las leyes las debíamos escribir en tres idiomas. Allí hablan tetun, portugués e inglés.

¿Qué tipo de decisiones tomaba usted?
Todo. Había que escoger si en las monedas poníamos una flor o un escudo. Había que ver todo. Lo más grave era que no había personas. Se habían encargado de que nadie llegue a los niveles altos. Tuvimos que traer gente de afuera. El primer ministro que vino al país era de Timor, pero había vivido en Mozambique. Tuvimos que repatriar el talento.

¿Y Xanana Gusmão?
Había estado preso 10 años en Indonesia. Cuando llega a ser presidente, luego de ser guerrillero, le dije que tenía una gran oportunidad. ¿Sabes lo que me contestó? Me dijo: si no es la primera vez que soy presidente, yo ya fui presidente de una guerrilla, qué le pasa.

¿Y cuál fue su reacción?
Me mató, qué le podía decir.

Fue una experiencia extrema
También lo fue la de Sri Lanka. Yo llegué a ver la casa que tenía allí el FMI. Pocos días después sucedió lo del tsunami. Ya el 3 de enero yo estaba instalado para trabajar. Yo pude haber estado durante el terremoto.

¿Cuánto vivió allí?
Dos años y medio.

Es un cambio no solo geográfico, sino también cultural…
En Sri Lanka, luego de vivir un año, la gente me tomaba de la mano. Iba a una recepción y me llevaban de la mano. Era solo cariño, amistad.

¿Pero no llegó por el tema del tsunami?
Yo llegué por otro problema que se eliminó con el tsunami. Pero si hablamos de cosas extremas, debo decir que yo negocié con los talibanes, en Tayikistán.

Era un lugar violento…
El Banco Central de Tayikistán tenía su oficina cerca de la del FMI. Un día, un grupo de talibanes llega a pedir un préstamo y se lo niega. Entonces sacaron sus metralletas y todos nos tuvimos que tirar al suelo.

Su vida ha estado en riesgo muchas veces…
Muchas veces. En Tayikistán, el primer ministro nos invitó a un complejo del Estado, ubicado al lado de su casa. En la noche, vinieron los insurgentes con un tanque y se volaron la casa. Había una rebelión. Pero ese mismo peligro había en el país. En 1991 dispararon tres cohetes contra el edificio del MEF. Por suerte, no cayó en el noveno piso. Yo le decía, en broma, a Carlos Boloña: “No me lleve a mi casa, no quiero estar cerca de ti”.

Mi tarea pendiente
Cada mañana, Luis Valdivieso se levanta y hace ejercicios. El fútbol está más lejos de su vida. Ahora son tiempos para el ciclismo y el tenis. “Me gusta navegar, pero no tengo bote”, señala y otra vez se ríe con alegría y sin control.

Relata anécdotas desde la mesa del hotel. Se frena y otra vez reflexiona: yo siempre quise ser músico. “Mi hermano tocaba muy bien el piano”. Llevado por el sonido del pasado, el exministro de Economía confiesa que lleva clases de piano. La música clásica lo cautiva, lo aleja de todo. ¿Ha pensado en un recital?, pregunto. Por qué no, responde con seguridad.

El desayuno del ejecutivo es bastante frugal, según dice. Algunas mañanas, su primera estación son las oficinas de la Asociación de AFP, en San Isidro, en pleno corazón del centro financiero. Otras, las de una oficina donde está su consultora, en la que trabaja con su cuñado y su hijo político. “Le quiero dedicar más tiempo”.

¿Y por qué no escribe un libro?, insistimos. Lo haré, todavía hay tiempo, responde, mientras toma su último sorbo de capuchino.

HOJA DE VIDA
Nombre: Luis Valdivieso Montano.
Estudios: PhD y Máster en Economía. Político por la Universidad de Boston.
Edad: 62 años.
Estado civil: Casado.
Hobby: Tenis y ciclismo.
Otros cargos: Exministro de Economía, exembajador en EE.UU., socio fundador y CEO de LV Perú Invest.

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