Figueredo: El periplo de un mandamás de la Conmebol y la FIFA caído en desgracia

El expresidente de Conmebol y exvicepresidente de la FIFA, Eugenio Figueredo, ingresó este jueves a un juzgado en Montevideo luego de ser extraditado desde Suiza para ser enjuiciado por cargos de estafa y lavado de activos. A continuación una historia de su apogeo y caída.

(AFP) Hace un año, el uruguayo Eugenio Figueredo declaraba que sobre él nadie decía “cosas lindas” y se enorgullecía de haber hecho una carrera “sin patrocinadores”. Las denuncias de corrupción en la Conmebol y la FIFA, que lo llevaron a la cárcel, parecen darle la razón a sus detractores.

Figueredo, el hijo pródigo de un pequeño pueblo del sur de Uruguay, exvendedor de autos y exfutbolista mediocre que alcanzó la cima del poder político del deporte rey, primero como presidente de la Conmebol y luego como vicepresidente de FIFA, se enfrenta a la posibilidad de cumplir varios años en prisión.

“Cuando tenga 90 años, tal vez escriba un libro”, dijo en 2014. “Y el título será ‘Con los votos en contra’, porque nunca tuve votos a favor”.

Hoy, a los 83 años, extraditado de Suiza, que le dio prioridad a Uruguay sobre un pedido de extradición de Estados Unidos, su estado de salud es delicado, contó a la AFP su abogada defensora Karen Pintos, quien pedirá el beneficio de la prisión domiciliaria para su defendido.

Su carrera como dirigente comenzó en el club de sus amores, el desaparecido Huracán Buceo, y siguió en la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), de la cual fue presidente entre los años 1997 y 2006.

En 1997 Figueredo fue presentado como una suerte de ‘salvador’ del por entonces nada exitoso fútbol uruguayo. Tenía contactos internacionales -ya era vice de la Conmebol desde 1993- y prometía conseguir patrocinadores.

“Yo vivía en Estados Unidos, a mí me llamaron para ser presidente”, declaraba en entrevista con el diario local El País.

“Los jugadores de la selección se vestían en la tribuna América, cruzaban el parque y entrenaban en la cancha de Miramar (un pequeño cuadro local). No existía el Complejo de la AUF (lugar de entrenamiento de la selección). Había que comprar las camisetas de Uruguay. No tenía acuerdos con ninguna pelota, había que comprarlas. No había patrocinadores”, agregaba.

Figueredo fue quien trajo a la selección celeste al maestro Oscar Tabárez, quien encabeza el ciclo más exitoso de los charrúas en seis décadas.

Fútbol y dinero
“¿De qué vive?”, le preguntó en el 2009 un periodista. “Tengo 77 años, vivo de todo lo que trabajé en mi vida. Tuve mis negocios, mis inversiones, la hice (en relación al dinero) en el Uruguay. A la Confederación (Sudamericana de Fútbol) llegué cuando tenía 60 años”, respondió Figueredo.

“Quince años atrás vendía autos usados en Uruguay y hoy es multimillonario”, decía con ironía el exgolero de la selección paraguaya de fútbol, José Luis Chilavert.

“Figueredo llenó un avión con dirigentes en el 2002, les pagó el viaje, y así se aseguró los votos para su reelección”, aseguró de su lado el periodista deportivo local Mario Bardanca.

En el 2006, Figueredo tuvo que dejar el cargo en la AUF por presión del presidente de la República, Tabaré Vázquez, y del entonces ministro de Deportes, Héctor Lescano. ¿La causa? Una serie de acusaciones de irregularidades vinculadas a la venta de los derechos de televisación de partidos internacionales.

Consultado en el 2009 por un noticiero local sobre si “se hace plata en el fútbol”, Figueredo respondió: “Se hace plata trabajando y enfocando bien las inversiones que uno pueda tener”.

Cargos penales
Eugenio Figueredo está acusado en Uruguay de estafa y lavado de activos. En Estados Unidos, el exdirigente figura en una lista junto a otros ocho altos excolegas de la FIFA, acusados de formar una red de corrupción que recibía sobornos. Por este y otros delitos enfrentaría una pena máxima de 20 años.

El fiscal anticorrupción Juan Gómez le pedirá que responda sobre la denuncia presentada contra la Conmebol en diciembre del 2013 por la Mutual Uruguaya de Futbolistas Profesionales (gremio), según la cual Figueredo sería parte de una organización criminal que perjudicó a las federaciones y a los clubes vendiendo derechos de televisación a ofertas menores a cambio de sobornos.

En paralelo, si fuera a Estados Unidos, Figueredo podría ser condenado a otros diez años más por un cargo de fraude de naturalización por haber alegado demencia severa para quedar exento del examen de inglés y de otros exámenes cívicos obligatorios. De comprobarse esta acusación, perderá su ciudadanía estadounidense.

Dirigente impopular
Figueredo no se ganó la simpatía de la opinión pública uruguaya, ni se preocupó por ello. Cuando durante el Mundial de fútbol de Brasil 2014 fue acusado de no defender a Luis Suárez en el recordado episodio de la mordida al defensa italiano Giorgio Chiellini -aprovechando su posición de vicepresidente de FIFA para tratar de minimizar la pena o evitar su expulsión del evento-, Figueredo respondió con indiferencia.

“No sé y no me interesa”, dijo a la prensa. “No me detengo a pensarlo. La FIFA tiene 209 países y si soy aceptado por 208 es una cosa importante, ¿no?”.

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