Cuando el miedo excesivo convierte el trabajo en todo un calvario

El temor irracional a hablar en público, conversar con el jefe o a hacer el ridículo pueden disminuir el rendimiento de los empleadores en sus rutinas diarias.

Dominio. El autorreconocimiento y autocontrol son necesarios para evitar que las fobias paralicen el trabajo.
Dominio. El autorreconocimiento y autocontrol son necesarios para evitar que las fobias paralicen el trabajo.

El 7% de la población padece una de los 250 tipos de fobias o temores irracionales, de acuerdo a estadísticas de la Organización Mundial de la Salud. Y si bien lidiar con ello resulta estresante en el ambiente social, la situación empeora cuando el miedo se traslada al trabajo.

Entre las principales fobias que afectan las labores destaca la atiquifobia, el miedo al fracaso; la glosofobia, el temor irracional a hablar en público; y la antropofobia, o miedo a los demás, que puede alejar al colaborador del resto de sus compañeros y hasta lo altera al interactuar con su jefe.

Si estos u otros temores no se controlan a tiempo, pueden disminuir el rendimiento del trabajador y ubicarlo debajo del estándar promedio de la empresa.

Pero Jenny Beingolea, master coach del Centro de Innovación y Desarrollo Emprendedor de la PUCP, explica que existen dos pasos básicos para contrarrestar este mal: reconocer el miedo y saber enfrentarlo.

“La persona debe ser consciente del problema que lo está afectando para saber cómo actuar ante ello. Uno mismo debe velar pos su bienestar. Hay que pensar que no hay nada que te pueda vencer y refugiarse en uno mismo para entender el problema”.

Para ello, es importante manejar la inteligencia emocional en nuestro día a día. Es decir, saber asimilar, comprender y regular las emociones para promover el crecimiento intelectual.

Un nivel diferente
Si se identifica plenamente el temor y se intentó controlar, pero este es perenne, es aconsejable acudir a un psicólogo o a un psiquiatra que brinde todas las pautas para vencer la fobia.

“Esta opción se maneja cuando ya reconocemos nuestros puntos de quiebre, pero nos continuamos paralizando y, por mucho intento, no los podemos solucionar”.

Pero, más allá de los temores que pueden atormentar a un colaborador, Beingolea recuerda que si uno se siente perturbado y desganado en su centro de labores, quizá otro problema incrementa la fobia: “Si el trabajo te hace tan infeliz y no vale la pena el beneficio al que responde, quizá ese no sea el trabajo ideal”.

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