Prudencia penalizada en Europa

Los ahorradores en la Unión Europea han sufrido terribles rendimientos de sus fondos de pensiones.

A los gobiernos les encantaría que los ciudadanos construyan su propio fondo de retiro y de ese modo sean menos dependientes del Estado en su vejez. Muchos ofrecen incentivos fiscales a las pensiones; algunos han adoptado políticas por las que los trabajadores están automáticamente inscritos en programas de jubilación.

La renuencia de los trabajadores a ahorrar para la vejez se suele atribuir a la inercia o impaciencia que no permite diferir la gratificación para un futuro lejano. De hecho, puede ser una decisión racional de cara a los altos costos, bajos rendimientos y productos confusos.

Un nuevo reporte de la Federación Europea de Usuarios de Servicios Financieros revela lo mal que han sido las cosas. Se encuentra que, para muchos ahorradores en Bélgica, Gran Bretaña, Francia, Italia y España, el retorno real (descontando la inflación) de los esquemas de regímenes privados de pensiones ha sido negativo durante gran parte de este siglo.

En España, por ejemplo, los planes de pensiones perdieron un 1.2% al año en términos reales entre el 2000 y el 2013, mientras que en Gran Bretaña, perdieron 0.7% anual entre el 2000 y el 2012.

El efecto de los cargos en los retornos es importante: un fondo de acciones francés reportó una ganancia de “sólo” el 16% después de cargos en más de 10 años, en comparación con una ganancia del índice de 73%.

Una de las partes más reveladoras del reporte es la lucha que los investigadores tuvieron para obtener las cifras. “Una gran cantidad de datos simplemente no están disponibles de manera agregada ni por país”, escriben los autores; además “la complejidad de los impuestos al ahorro de pensiones en los países de la Unión Europea hace que sea extremadamente difícil calcular rendimientos después de impuestos”.

Un reciente reporte de la Comisión Europea sobre el mercado de pensiones tenía que confiar en datos de una encuesta de la OCDE del 2012.

Esto significa que las autoridades europeas “no conocen el desempeño real de los servicios que se supone deben regular y supervisar”. Ya que los fondos de pensiones son a menudo el segundo mayor activo de los consumidores (después de su casa), este desliz es sorprendente y alarmante.

Tomado de la revista The Economist

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